Visto en La Cárcel de Papel
lunes, febrero 07, 2011
¡Salvemos las bibliotecas!
Visto en La Cárcel de Papel
domingo, febrero 06, 2011
La épica del escritor enfermo

La transformación de Bolaño en lo que podríamos llamar un "ícono pop" de la literatura de nuestro tiempo ha sido excepcionalmente veloz y ha contribuido a una serie de desplazamientos en la escena literaria que parecen haber sido previstos por el propio autor de Los detectives salvajes. (...) La recepción de su obra en el mundo angloparlante ha estado determinada por aspectos esencialmente biográficos y que se encuentran en consonancia con el estereotipo del escritor maldito a la manera de Chatterton, de allí las leyendas que lo presentan como una especie de heroinómano iluminado o las que lo muestran como un joven escritor enfebrecido escribiendo en un piso cochambroso de la calle Tallers de Barcelona, todas resultado de proyecciones y ansiedades sociales en torno a lo literario que recorren nuestra época.
Menos importante que la pregunta acerca de si estas circunstancias biográficas son reales, o no, resulta el hecho de que el interés por la obra está supeditado en muchos casos al interés por esas circunstancias, lo que (curiosamente) convierte a Bolaño en un escritor sin obra como los de algunos de sus libros (...).
Patricio Pron. Leer con y contra Bolaño. ABC Cultural. Madrid, 22 de enero de 2011
(...) Lo revestimos con la gloria de la decrepitud equivocándonos, ya que el escritor realmente enfermo no lo es, sino que lo está (...), y lo está con independencia de su condición de escritor.
(...) Roberto Bolaño escribió “Literatura + enfermedad = enfermedad” y luego murió para corroborarse. Uno supone que las palabras de Bolaño esconden más verdad porque no hay ninguna duda de que estaba enfermo; he ahí el tránsito absurdo de la certeza de la dolencia a la certeza de la literatura.
(...) Se revela así pues una verdad que duele, y es que en el escritor enfermo confluyen dos sustantivos, escritor y enfermo, y no un sustantivo y un adjetivo. El escritor enfermo es lo mismo que el enfermo escritor y no profundicemos por ahí o empezarán a brotarnos Alicia, el conejo y el sombrerero loco que estaba loco pero no enfermo, y el padre de todos, maese Carroll, ha pasado a la historia como un degenerado no precisamente físico, aunque lo lógico es pensar que moriría tras una larga enfermedad. El escritor está enfermo, a ver si me explico de una vez, y le toca curarse o morirse, pero no escribir mejor, de igual modo que el enfermo escribe y lo hace bien, regular o mal, pero no por ello es mejor o peor paciente.
El escritor enfermo es una muela cariada que aún mastica. El día que se derrumbe nos quedaremos sin ella y la lloraremos creyendo que era nuestra mejor muela. Pero no lo era. Sólo tuvo mala suerte.
El Hombre Molècula. Cartas a Poncio: La épica del escritor enfermo. Meirás, 20 de diciembre de 2003
miércoles, febrero 02, 2011
Una modesta aportación a la historia del vídeo-clip con Ok Go como pretexto
El vídeo musical como formato comenzó basculando entre una comprensible dependencia respecto a la letra de la canción (ejemplos, 1, 2, 3) y la escenificación ritual del acto de tocar (ejemplos, 1, 2, 3). Gloriosa amalgama de estas dos tendencias es este vídeo en el que Stevie Wonder canta on stage “I just called to say I love you” con un teléfono en la mano.
Posteriormente, el progreso del medio se entendió como un refinamiento máximo de sus posibilidades técnicas, con barroquísimos vídeos que hoy sólo podemos entender como auténticos tostonazos tan fláccidos como (paradójicamente o no) técnicamente obsoletos (ejemplos, ¿empezó aquí?, 1, 2, 3, ¿terminó aquí?). El cine en 3D enarbola hoy esta apolillada bandera. Bravo.
Luego vino la arbitrariedad del signo, la falta absoluta de relación entre el vídeo y la canción, normalmente en forma de chiste (ejemplos, 1, 2, 3).
Los vídeos de Ok Go podrían entenderse como un ejemplo extremo de esta última tendencia, pero también como la ruptura del concepto de vídeo como producto manufacturado. La reiteración de la secuencia única como “captura” de un momento real, no cocinado posteriormente, convierte al clip en algo así como un producto artesano, irrepetible, aunque paradójicamente elaborado para su reproducción masiva. La cámara fija y la teatralidad del escenario hacen el artificio más explícito y lo alejan de algunos antecedentes curiosos.
Pero sobre todo, al pequeño Célula le gustan. ¿Hace falta más barniz teórico?
Eso sí, no me sean ingenuamente optimistas, no se abre una nueva vía sino que se sella uno de los últimos resquicios que le quedaban a un soporte que boquea porque YouTube le ha dado un balón de oxígeno. A la vuelta de la esquina, la muerte, la destrucción, la nada.
domingo, enero 02, 2011
Tendencias 2010: Satanismo softcore
sábado, enero 01, 2011
Roja, tú tienes la culpa
sábado, diciembre 25, 2010
Detectives y zombis

miércoles, septiembre 15, 2010
El dominio adolescente
